Se incorporan a nuestro equipo Nahia Arostegi y Antonio Caravaca

AIYON Abogados refuerza su equipo con dos nuevas incorporaciones: Nahia Arostegi, en nuestra oficina de Bilbao, y Antonio Caravaca, en la de Algeciras. Los dos llegan con formación de posgrado en Derecho marítimo y con experiencia previa dentro del propio sector, algo que valoramos especialmente en un despacho que trabaja a diario junto a navieras, fletadores, transitarios, aseguradores y P&I Clubs, entre otros muchos operadores.

Con estas incorporaciones, las oficinas de los puertos de Bilbao y de la Bahía de Algeciras ganan capacidad para atender asuntos de Derecho marítimo, transporte terrestre, comercio internacional y seguros.

Nahia Arostegi es Graduada en Derecho Económico por la Universidad de Deusto (2024) y Máster en Gestión de Empresas Marítimo Portuarias y Derecho Marítimo por la misma universidad (2026). Ha completado también el Máster en Acceso a la Abogacía y la Procura por la UNIR (2026). Durante el grado cursó un cuatrimestre en Sophia University, en Tokio, y cuenta con el certificado de inglés jurídico TOLES Higher con calificación Excellent.

Su relación con AIYON viene de atrás. En 2024 hizo sus primeras prácticas de grado en nuestra oficina de Bilbao y, durante el curso 2025/2026, las compaginó con las prácticas en el departamento de Export Customer Service de la naviera CMA CGM en Bilbao, donde conoció desde dentro la operativa del transporte marítimo de contenedores. Se incorporó definitivamente al equipo en junio de 2026, superó en julio el examen de acceso a la abogacía y desde agosto ejerce como abogada, colegiada en el Ilustre Colegio de la Abogacía de Bizkaia. Trabaja en asuntos marítimos, de transporte terrestre, comercio y seguros, incluidas reclamaciones y arbitrajes bajo CMR.

Antonio Caravaca es natural de Algeciras y su vocación marítima nació a la vista de uno de los grandes puertos del Mediterráneo. Es Graduado en Derecho y en Estudios Internacionales por la Universidad Carlos III de Madrid (doble grado bilingüe, 2023) y Máster Universitario en Negocio y Derecho Marítimo por ICADE-Instituto Marítimo Español (2024), con el segundo mejor expediente de la 40.ª promoción. Ha completado además el Máster de Acceso a la Abogacía, Procura y Práctica Jurídica por la Universidad Internacional de Valencia (2026).

Antes que en el Derecho, su carrera empezó en el negocio marítimo. Como broker de fletamentos en Noatum Chartering asesoró a fletadores industriales en la negociación de fletamentos por viaje, por tiempo y COA de graneleros de 1.000 a 70.000 TPM, coordinó la operativa de más de 100 buques y gestionó reclamaciones de demoras, off-hire, daños y falso flete. Después trabajó como Marine Underwriter en NuVu Underwriting, suscribiendo riesgos marítimos.

La noticia tuvo eco en el sector a través de la publicación del El Canal Marítimo y Logístico del pasado 8 de octubre. Ver noticia aquí.

¡Bienvenidos Nahia y Antonio!

Refuerzo de los derechos de los pasajeros aéreos gracias al reglamento 2026/2202 del Parlamento Europeo y del Consejo, aprobado el 16 de septiembre de 2026

Tras más de una década de negociaciones, el Diario Oficial de la Unión Europea (DOUE) publicó el 2 de octubre el Reglamento (UE) nº 2026/2202 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de septiembre de 2026, que modifica el Reglamento (CE) nº 261/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo por el que se establecen normas comunes sobre la compensación y asistencia a los pasajeros aéreos en caso de denegación de embarque y de cancelación o gran retraso de los vuelos, y el Reglamento (CE) nº 2027/97 del Consejo relativo a la responsabilidad de las compañías aéreas respecto al transporte aéreo de los pasajeros y su equipaje que ha modificado los derechos de los pasajeros aéreos.
El mismo entrará en vigor el 22 de octubre de 2026, pero su plena aplicación no llegará hasta el 23 de octubre de 2027, un margen que aerolíneas, intermediarios y aeropuertos tendrán que aprovechar para adaptarse a los cambios ya que, aunque las cuantías de compensación no varían, casi todo lo demás se ordena de nuevo (el texto no prevé régimen transitorio, lo que podría abrir debate sobre billetes comprados antes del 23 de octubre de 2027).
Sin duda, estos cambios obligan a operadores y aerolíneas a revisar sus condiciones contractuales, sus procesos de reclamación y sus registros de comunicaciones, entre otros, para adaptarse a los cambios que se avecinan. Unas mejoras que facilitarán la vida a los pasajeros, pero que no dejarán de crear controversias que deberán ser afrontadas caso a caso.
La reforma lleva al texto legal lo que hasta ahora estaba repartido en distintas sentencias emitidas por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) (Sturgeon, Wegener, Folkerts y Lassooy), tratando de buscar un equilibrio entre otorgar una mayor protección del pasajero y dar una mayor seguridad jurídica, a la vez que respeta la competitividad de las compañías aéreas.

Algunos de los cambios relevantes que ha incorporado este Reglamento son los siguientes:
– Equipaje y prácticas comerciales: Todo pasajero podrá llevar gratis en cabina un accesorio personal de hasta 40×30×15 cm o que bien quepa bajo el asiento delantero. El equipaje de mano se admite según capacidad de la aeronave; el Reglamento no exige que sea gratuito, pero obliga a mostrar por defecto la tarifa que lo incluye.
Corregir el nombre del usuario (correcciones en una reserva que comporte errores/cambios administrativos) será gratuito al menos una vez si se pide con 48 horas de antelación a la salida del vuelo, y no se puede denegar el embarque por usar una impresión propia de la tarjeta digital, siempre que sea clara y legible por máquina, ni por no pagar una tasa por ello.
Si la compañía ofrece tarjeta digital, el pasajero debe poder obtenerla al facturar, sin trámites adicionales y sin necesidad de cuenta de usuario ni app.
Tampoco se puede cobrar por entregar la tarjeta impresa a un pasajero que ya ha facturado.
– Denegación de embarque, cancelaciones y retrasos: La denegación de embarque abarca cualquier negativa no justificada en salud, seguridad o documentación, no solo el overbooking.
La compensación y el reembolso del billete se deberán pagar en plazo máximo de siete días naturales desde la denegación, y se prohíbe negar el embarque en la vuelta, o cobrar recargos, por no haber usado el billete de ida.
En las cancelaciones de la aerolínea no hay compensación si se avisa al pasajero con al menos 14 días de antelación o si, con menos margen de tiempo, se ofrece una alternativa que salga como mucho una hora antes de origen y llegue con menos de dos horas de retraso a destino. Tampoco hay compensación, ni derecho a reembolso o transporte alternativo, si el avión se desvía a otro aeropuerto que sirve a la misma localidad, ciudad o región y se traslada al pasajero al aeropuerto previsto con un retraso no superior a tres horas.
Si una incidencia provoca perder una conexión dentro de un único contrato, la aerolínea del vuelo anterior debe ofrecer transporte alternativo y asistencia, y reembolsar si no puede recolocar al pasajero en las cinco horas siguientes a la salida prevista del vuelo perdido.
Como punto relevante cabe destacar que, por primera vez, se regulan las esperas en pista de más de 30 minutos: climatización, aseos y, si no prolonga la espera, agua potable gratuita. A las dos horas, la aeronave debe dirigirse a un punto de desembarque, salvo razones de seguridad, inmigración, control de tráfico aéreo o protección.
– Circunstancias extraordinarias: Las circunstancias extraordinarias se definen por primera vez como hechos no inherentes a la actividad normal de la aerolínea y que escapan de su control efectivo, dos requisitos cumulativos (recomendamos revisar nuestro artículo previo:” El Reglamento (CE) nº 261/2004 y la figura de “circunstancias extraordinarias” en transporte aéreo”). Debe, además, explicar al pasajero qué circunstancia de la lista invoca o, si no figura en ella, de qué evento se trata y por qué lo es (listado que se revisará cada cinco años).

Un anexo recoge una lista no exhaustiva con supuestos de gran interés práctico, como son las huelgas del propio personal. Estas solo cuentan como circunstancia extraordinaria si la compañía prueba una relación causal directa con la incidencia y dicha huelga, y que adoptó todas las medidas razonables (lo que dejaría fuera supuestos como huelgas anunciadas con tiempo suficiente o que pudieron evitarse).

– Información y reclamaciones: Aerolíneas e intermediarios deberán publicar en su web y apps los derechos de los pasajeros, y el procedimiento de reclamación que les asiste, además de informar antes de la compra si el billete ofrecido se emite bajo uno o bajo varios contratos independientes. La carga de probar que informaron recae sobre ellos.
Habrá un mecanismo de reclamaciones, que se puede usar durante doce meses desde el vuelo (o tres meses desde la solicitud de compensación, si esa fecha es posterior), con acuse de recibo en siete días laborables y respuesta motivada en un mes (en casos justificados, la respuesta definitiva puede tardar menos de dos meses desde la recepción).
– Compensación, reembolso y vales: Las compensaciones se mantienen en las cifras de 250, 400 o 600 euros según la distancia del vuelo, y el tramo de 600 euros puede reducirse a la mitad si la llegada se produce con no más de cuatro horas de retraso sobre la hora prevista.
Se solicitará en un plazo de nueve meses desde la fecha real de salida. La aerolínea debe informar de este derecho por vía electrónica en las 96 horas siguientes al final del viaje, acusar recibo de inmediato y, en 30 días naturales, pagar o justificar su negativa.
El reembolso pasa a ser automático en siete días naturales desde que el pasajero lo elige. Si la aerolínea no ofrece una alternativa válida en tres horas, el viajero puede organizarse por su cuenta. Cuando organicen su propio transporte alternativo, los pasajeros limitarán los gastos a los que sean necesarios, razonables y apropiados, y se le reembolsan los gastos hasta el 400 % del valor del billete. Los vales, práctica habitual hasta ahora, solo se admitirán con consentimiento expreso del pasajero y en soporte duradero, con valor máximo doce meses (prorrogables una sola vez) y el saldo no usado se devolverá automáticamente.
– Asistencia general: La asistencia al pasajero pasa a definirse en conceptos más concretos: bebidas cada dos horas; una comida tras tres horas y luego cada cinco (máximo tres al día); acceso a internet y a dos llamadas telefónicas; hotel y traslados si hay que pernoctar, con un límite de tres noches cuando la causa son circunstancias extraordinarias, salvo para pasajeros con necesidades especiales. Si la compañía incumple, el pasajero podrá costearse la asistencia y reclamar el reembolso (siempre dentro de lo razonable), que la aerolínea debe abonar en el plazo de 14 días naturales desde la solicitud.
Los aeropuertos comerciales deberán ofrecer agua potable y recarga gratuitas en sus instalaciones, y los de más de cuatro millones de pasajeros anuales tendrán planes de emergencia para cancelaciones o retrasos masivos de vuelos.
Embarazadas, lactantes, menores no acompañados y quienes precisan asistencia médica se suman a los pasajeros con necesidades especiales. Sus acompañantes tendrán asiento contiguo gratuito y acceso a prioridad de embarque, con los cochecitos transportados hasta la puerta del avión. Si el aeropuerto falla en la asistencia a una persona con discapacidad y esta pierde el vuelo, responderá la aerolínea (que luego puede repetir contra el gestor).

El DeCA, obligatorio desde el 5 de octubre de 2026

El 5 de octubre de 2026 el Documento de Control Administrativo (DCA) en papel deja de ser válido en el transporte público de mercancías por carretera. Desde ese día solo cabe el documento electrónico de control administrativo (DeCA), sin periodo de gracia.

Como ya dijimos en nuestro anterior artículo “Octubre 2026, comienza la digitalización del transporte terrestre”, este es un documento administrativo y no una carta de porte al uso. Por tanto, una carta de porte completa (o el «CMR», como se la suele llamar en el sector) puede hacer de DeCA si contiene todos los datos del art. 6 y cumple los requisitos electrónicos (art. 2.2 de la Orden FOM/2861/2012), pero el DeCA no sustituye a la carta de porte como prueba del contrato ni del estado de la mercancía.

No nace un documento nuevo ya que el DeCA sigue regulado por la Orden FOM/2861/2012, con el mismo contenido mínimo (art. 6) y los mismos obligados, que son el cargador contractual y el transportista efectivo (art. 4). Se exige en el transporte interior y en el cabotaje; el internacional sigue documentándose con la carta de porte CMR (art. 222.1 ROTT). La novedad es el soporte en sí, que viene regulado por la Resolución de 5 de junio de 2026, que sustituye a la de 22 de mayo de 2023.

El DeCA debe ser un PDF nativo digital de hasta 5 MB, generado antes del inicio del servicio, por lo que un papel escaneado no sirve. Debe incluir un código QR con una URL única, en HTTPS y de descarga directa, sin credenciales ni botones intermedios. El repositorio puede estar en cualquier dominio y ya no requiere comunicación previa al Ministerio.

El conductor llevará una copia en el móvil o impresa, siempre con el mencionado QR. Las anotaciones a mano no serían aceptadas ya que cualquier cambio debe hacerse en el propio fichero electrónico. Si el DeCA se usa también con finalidad contractual y se firma, debe ser al menos firma electrónica avanzada (Reglamento eIDAS). El fichero se conserva al menos un año (art. 9 de la Orden).

Tras la Orden TRM/282/2026, el art. 7 de la Orden FOM/2861/2012 señala que ambos obligados responden de no formalizar el documento y de no llevarlo a bordo, aunque el cargador queda eximido de lo segundo si prueba que lo emitió. El cargador responde de los datos de las partes, origen, destino, naturaleza y peso; el transportista, de la autorización especial, la fecha y las matrículas.

El DeCA deja un rastro fechado de quién contrató, quién transportó, qué se declaró y qué cambió durante el servicio. En caso de incidentes como robos, pérdidas o averías, ayuda a identificar al porteador efectivo, así como a contrastar la posible cuantía reclamada, entre otros. Dado que la URL puede desactivarse siete días naturales después de finalizado el servicio, es aconsejable que los interesados en cualquier incidente (léase cargadores, aseguradoras, peritos o abogados) pidan tener acceso al contenido lo antes posible.

Referencias:

  1. Ley 9/2025, de 3 de diciembre, de Movilidad Sostenible, disposición transitoria octava.
  2. Orden FOM/2861/2012, de 13 de diciembre, documento de control administrativo en el transporte público de mercancías por carretera (texto consolidado).
  3. Orden TRM/282/2026, de 25 de marzo, artículo segundo.
  4. Resolución de 5 de junio de 2026, de la Dirección General de Transporte por Carretera y Ferrocarril (BOE núm. 143, de 12 de junio de 2026).
  5. Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, DeCA: preguntas frecuentes.
  6. Real Decreto 1211/1990, de 28 de septiembre, Reglamento de la LOTT, art. 222.
  7. Reglamento (UE) 910/2014, de 23 de julio de 2014 (eIDAS).

La relevancia de la sostenibilidad en el ámbito portuario

Los puertos, como centros neurálgicos del comercio global, enfrentan la presión creciente de adoptar prácticas sostenibles para mitigar los efectos ambientales, económicos y sociales de sus actividades. Estos centros de intercambio deben equilibrar la eficiencia operativa con la responsabilidad ambiental y la integración social. Es un hecho que la sostenibilidad portuaria no solo responde a regulaciones actuales, sino que se ha convertido en una estrategia clave para la competitividad en el mercado global.

Evolución de la sostenibilidad en el ámbito portuario:

  1. Industrialización Temprana y Primeras Consecuencias Ambientales: Durante el siglo XIX, la Revolución Industrial impulsó el crecimiento de los puertos, pero también sus efectos contaminantes en agua y aire, sin regulaciones ambientales que mitigaran estos impactos.
  2. Conciencia Ambiental y Regulaciones Emergentes: A mediados del siglo XX, con la expansión del comercio global, surgió una conciencia ambiental que reveló la necesidad de normas que limitaran el impacto de los puertos. Las primeras iniciativas fueron impulsadas por la Organización Marítima Internacional (OMI) en la década de 1970 con el Convenio MARPOL (Convenio Internacional para prevenir la Contaminación por los Buques), que reguló la contaminación marítima.
  3. Sistemas de Gestión Ambiental y Certificaciones Internacionales: En los años noventa, se establecieron estándares como la norma ISO 14001, que ofrecieron a los puertos un marco formal para minimizar sus impactos ambientales mientras optimizaban sus operaciones.
  4. Sostenibilidad Estratégica y Cambio Climático: Ya en el siglo XXI, el cambio climático y la responsabilidad social corporativa impulsaron a los puertos a adoptar estrategias de sostenibilidad a largo plazo, promovidas por iniciativas como el Programa de Acción Climática en los Puertos del Mundo (WPCAP), que fomenta la reducción de emisiones y el uso de combustibles limpios.

El Programa de Sostenibilidad de Puertos Mundiales (WPSP), guiado por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, busca integrar prácticas sostenibles en los planes estratégicos de los puertos de todo el mundo. Esta plataforma promueve la colaboración, innovación y transferencia de conocimientos entre puertos, enfocándose en seis áreas prioritarias: digitalización, infraestructura, salud y seguridad, impacto ambiental, integración social y energía climática.

Casos de éxito y buenas prácticas:

  • Digitalización para la Eficiencia Operativa: Los puertos modernos han integrado tecnologías como el arribo “just-in-time” y los sistemas de comunidad portuaria (PCS) para mejorar la eficiencia de los flujos de mercancías y reducir el consumo energético.
  • Infraestructura Sostenible: La infraestructura portuaria evoluciona hacia diseños más sostenibles, optimizando canales de navegación y adoptando prácticas de dragado ecológico que reducen el impacto ambiental.
  • Salud y Seguridad en la Operación Portuaria: La implementación de altos estándares de seguridad y salud para trabajadores y visitantes protege a las comunidades locales, manteniendo una operación eficiente y segura.
  • Reducción de la Huella Ambiental: Los puertos han invertido en tecnologías de energías renovables, como paneles solares y turbinas eólicas, y adoptados sistemas de limpieza en puerto que minimizan el uso de combustibles fósiles.
  • Vinculación con las Comunidades Locales: Los programas de empleo y educación promueven el desarrollo local, creando un entorno social y económico inclusivo que fortalece la relación entre el puerto y la comunidad.

Desafíos y perspectivas de futuro para los puertos sostenibles:

La transición hacia la sostenibilidad portuaria implica afrontar desafíos regulatorios, tecnológicos y financieros. La inversión en infraestructura de bajas emisiones, el desarrollo de habilidades y la cooperación internacional serán esenciales para que los puertos puedan adaptarse y prosperar en un entorno en evolución constante.

Los estándares de sostenibilidad no solo permiten a los puertos cumplir con las regulaciones globales, sino que también representan una ventaja competitiva al posicionarlos como líderes en comercio responsable. En un entorno donde la sostenibilidad ya no es opcional, sino imperativa, los puertos que integren prácticas ambientales, sociales y económicas avanzadas garantizarán su relevancia y resiliencia en el comercio mundial. Hoy día, son una clara apuesta de la Unión Europea.

La probabilidad prevalente y universalidad del riesgo en el seguro marítimo: comentario a la STS (Pleno) núm. 1130/2026, de 13 de julio

Tribunal Supremo, Sala Primera (Pleno). Sentencia núm. 1130/2026, de 13 de julio. Recurso núm. 9733/2021. Ponente: Excmo. Sr. D. Fernando Cerdá Albero. ROJ: STS 3135/2026. ECLI:ES:TS:2026:3135.

Hechos

Millenium Trading Invest, S.A. había asegurado el atunero Txori Urdin mediante una póliza de cascos suscrita con Royal & Sun Alliance, Mutua de Riesgo Marítimo y Mapfre. Inicialmente la cobertura incorporaba las Institute Fishing Vessel Clauses y las Institute Additional Perils Clauses Hulls. Sin embargo, tras la pérdida de la clasificación del buque, las partes acordaron reducirla, quedando limitada a las primeras y, por tanto, a un sistema de riesgos nominados.

El 25 de septiembre de 2015 el buque se hundió a consecuencia de una vía de agua cuyo origen nunca pudo determinarse. Varias circunstancias marcaron el desarrollo del litigio: las condiciones meteorológicas y el estado de la mar eran buenos, el siniestro se produjo a plena luz del día y con la tripulación vigilante ante la presencia de cardúmenes, ni los radares ni los sónares detectaron objeto alguno entreaguas y la profundidad del naufragio impidió toda inspección del pecio.

El Juzgado de lo Mercantil n.º 1 de A Coruña desestimó la demanda al considerar que el asegurado no había acreditado que el siniestro respondiera a un riesgo cubierto por la póliza. La Audiencia Provincial revocó esa decisión al entender aplicable el principio de universalidad del riesgo y considerar insuficiente la prueba de las aseguradoras para acreditar un riesgo excluido.

El Pleno del Tribunal Supremo estima el primer motivo del recurso extraordinario por infracción procesal, anula la sentencia de apelación y, asumiendo la instancia conforme a la disposición final 16.ª.7.ª LEC, confirma la sentencia de primera instancia, sin llegar a resolver los cuatro motivos del recurso de casación.

Fundamentos de Derecho

  1. El control excepcional de la valoración de la prueba

La sentencia comienza recordando un principio consolidado: la valoración de la prueba corresponde a los tribunales de instancia y no constituye, en principio, materia revisable en casación ni mediante recurso extraordinario por infracción procesal.

No obstante, reitera la doctrina ya expuesta en la STS 64/2026 sobre los supuestos excepcionales en los que el Tribunal Supremo puede revisar esa valoración: cuando exista un error fáctico patente o cuando la resolución sea fruto de un razonamiento arbitrario o manifiestamente irracional y, por ello, vulnere el derecho a la tutela judicial efectiva. Conviene retener un dato de utilidad inmediata que la propia sentencia consigna: el artículo 469.1.4.º LEC, cauce empleado por las recurrentes, se halla hoy derogado, y este control se recoge actualmente en el artículo 477.5 LEC tras la reforma operada por el Real Decreto-ley 5/2023, de 28 de junio.

A continuación sistematiza los criterios que deben presidir la valoración de la prueba pericial conforme a las reglas de la sana crítica: la cualificación del perito, las circunstancias que puedan comprometer su objetividad, la metodología empleada y su aceptación por los pares de la comunidad científica o profesional, el principio de la mayoría coincidente, la forma de reconocimiento del objeto de la pericia con las condiciones espacio-temporales en que se llevó a efecto y la coherencia interna del informe. Recuerda igualmente que dichas reglas resultan vulneradas, entre otros supuestos, cuando el tribunal, sin haberse producido dictámenes contradictorios, alcanza sobre la base de los aportados conclusiones distintas de las que estos sostienen.

  1. La probabilidad prevalente como estándar del proceso civil

La aportación procesal más relevante de la sentencia consiste en la afirmación de que el proceso civil no exige certeza absoluta, sino probabilidad prevalente.

El Pleno reprocha a la Audiencia Provincial haber rechazado los informes periciales de las aseguradoras porque se apoyaban en «meras conjeturas y probabilidades que no pueden considerarse demostradas». La Sala distingue con claridad entre conjetura y probabilidad: mientras la primera no satisface el estándar probatorio, la segunda sí puede hacerlo cuando constituye la explicación más probable de los hechos y no existe una hipótesis alternativa de similar consistencia.

En este caso, descartadas la embarrancada y las condiciones meteorológicas, el único interrogante era si la vía de agua podía haberse producido por la colisión del buque con un objeto flotante a la deriva o con cualquier bien derelicto. Sobre ese extremo únicamente existían los dictámenes aportados por las aseguradoras, elaborados mediante cálculos físicos y modelización informática, que descartaban esa hipótesis. El asegurado no presentó prueba pericial alguna ni ofreció una explicación alternativa técnicamente fundada.

La imposibilidad de inspeccionar el pecio, afirma el Tribunal, constituye un elemento que debe ponderarse al valorar la pericia, pues incide en la forma de reconocimiento de su objeto, pero no justifica por sí sola la descalificación de unos informes técnicamente consistentes. Si la Audiencia entendía que no alcanzaban el estándar de probabilidad prevalente, debía razonar por qué. A ello añade la Sala un matiz temporal certero: lo relevante no era el estado del buque en los meses anteriores, acreditado por las inspecciones técnicas en que se apoyó la sentencia de apelación, sino su estado en el momento mismo en que se produjo la vía de agua.

  1. Universalidad y especialidad del riesgo

Es aquí donde la sentencia realiza su aportación más significativa para el Derecho del seguro marítimo.

El Tribunal comienza con un recorrido por la evolución histórica del principio de universalidad del riesgo. Recuerda que tanto el artículo 861.I del Código de Comercio de 1829, al referirse «generalmente a todos los accidentes y riesgos de mar», como el artículo 755.I.14 del vigente, que menciona «cualesquiera otros accidentes o riesgos de mar», utilizaban una cláusula abierta que permitía entender comprendidos todos los riesgos del mar no expresamente excluidos. De esa formulación histórica deriva el conocido principio según el cual los riesgos no excluidos deben entenderse incluidos.

Sin embargo, el Pleno precisa que ese principio nunca fue una regla sobre la carga de la prueba, sino una regla sustantiva destinada a determinar la extensión de la cobertura cuando el contrato no delimitaba expresamente los riesgos asegurados.

La Ley de Navegación Marítima mantiene ese principio únicamente con carácter supletorio. Sus artículos 407.1, 417 y 429 parten de la libertad de pactos, de manera que son las partes quienes determinan los riesgos cubiertos, tal como subraya el epígrafe X del preámbulo al advertir que los riesgos asegurados se delimitan por vía de pacto. Cuando la póliza incorpora cláusulas de riesgos nominados, como las Institute Fishing Vessel Clauses, deja de operar el principio de universalidad y la cobertura queda delimitada exclusivamente por el contrato. La propia Sala reserva al principio un espacio residual: conservaría algún significado propio, si acaso, frente a riesgos desconocidos no mencionados ni en el listado de riesgos incluidos ni en el de excluidos.

La sentencia añade una precisión de notable interés: revisa la jurisprudencia anterior sobre el principio de universalidad del riesgo y concluye que ninguna de las resoluciones tradicionalmente citadas construyó realmente su ratio decidendi sobre dicho principio ni le atribuyó efectos en materia de carga de la prueba. Con ello, el Pleno reconduce definitivamente el principio a su función originaria como regla histórica y supletoria de delimitación de la cobertura.

Aplicando esa doctrina al caso, el Tribunal concluye que el asegurado acreditó el hundimiento del buque, pero no que este respondiera a alguno de los riesgos expresamente cubiertos por la cláusula 6.ª de la póliza, de modo que no probó el hecho constitutivo de su pretensión en los términos del artículo 217.2 LEC.

  1. Conclusión

La STS 1130/2026 trasciende ampliamente el ámbito del seguro marítimo. Junto con las SSTS 9/2026 y 64/2026, consolida la probabilidad prevalente como estándar general del proceso civil y delimita con mayor precisión el control judicial de la prueba pericial. Difícilmente podrá volver a rechazarse un dictamen técnicamente consistente por el mero hecho de expresarse en términos probabilísticos cuando no exista una hipótesis alternativa de similar entidad.

Al mismo tiempo, redefine el alcance del principio de universalidad del riesgo bajo la Ley de Navegación Marítima, recordando que su función es únicamente supletoria y que, cuando las partes han optado por un sistema de riesgos nominados, será el propio contrato, y no una cláusula general de cobertura, el que determine el alcance de la protección aseguradora.

El caso MSC Flaminia y la interpretación del Convenio LLMC de 1976

El transporte marítimo constituye un elemento esencial del comercio internacional y, al mismo tiempo, una actividad de alto riesgo, capaz de generar responsabilidades de gran magnitud económica. Para evitar que un siniestro comprometa la continuidad financiera de los operadores marítimos y paralice el comercio, el derecho marítimo internacional desarrolló mecanismos específicos de limitación de responsabilidad, entre ellos el Convenio de 19 de noviembre de 1976 sobre la limitación de la responsabilidad nacida de reclamaciones de Derecho marítimo (en adelante, LLMC).

Por su especial relevancia, resulta de interés la sentencia de la Corte Suprema del Reino Unido de 9 de abril de 2025, MSC Mediterranean Shipping Company SA v Conti 11 Container Schiffahrts-GmbH & Co KG (MS “MSC Flaminia”), en la que el tribunal realiza un examen pormenorizado de diversas disposiciones relativas a la limitación de responsabilidad establecidas en el Convenio LLMC de 1976.

El conflicto se remonta a julio de 2012, cuando el portacontenedores MSC Flaminia sufrió una devastadora explosión en alta mar debido a una carga peligrosa. El accidente causó la muerte de tres tripulantes y dejó al buque gravemente dañado, con miles de toneladas de agua contaminada y residuos tóxicos a bordo. La carga transportada no sufrió un mejor destino, lo que hizo que se iniciaran diversos procedimientos judiciales de reclamación en el Tribunal de Distrito sur de Nueva York.

Por su parte, tras un prolongado procedimiento arbitral, la empresa fletadora, MSC, fue condenada a indemnizar al propietario del buque, Conti, por una suma cercana a los 200 millones de dólares, correspondiente a daños y gastos derivados del siniestro. MSC intentó entonces limitar su responsabilidad a unos 28 millones de libras, invocando el Convenio de 1976, LLMC.

Esta última controversia legal, que atrajo ya desde entonces a todo el sector marítimo, se centró en torno a la cuestión de quiénes tienen derecho a este “escudo” legal según el Artículo 1.2 del Convenio, que agrupa bajo la definición de “armador” no solo al propietario registral, sino también al fletador, al gestor y al operador del buque. En el lenguaje jurídico del caso, estas figuras son conocidas como “insiders” ya que comparten un interés común en la operación del buque. El Tribunal de Apelación sostuvo que la limitación de responsabilidad solo operaba frente a “outsiders” (terceros ajenos, como dueños de la carga o autoridades), sugiriendo que un fletador no podía protegerse frente a una reclamación del propietario del buque por pérdidas sufridas originalmente por el mismo. Esta interpretación introducía una diferenciación no expresamente prevista en el texto del Convenio que fue posteriormente descartada por la Corte Suprema.

En una sentencia de gran relevancia, la Corte Suprema del Reino Unido sostuvo (en línea con lo establecido por el Convenio de Viena sobre el derecho de los tratados 1969, artículos 31 a 33), que, el Convenio LLMC debe interpretarse conforme al sentido ordinario de sus términos, sin introducir excepciones no previstas en su texto.

La Corte Suprema determinó que el término “reclamaciones” que aparece en los Artículos 1.1 y 2.1 del Convenio debe entenderse sin distinguir entre quién presenta la reclamación ni contra quién se dirige. El tribunal rechazó la idea de aplicar una interpretación restrictiva al texto original simplemente porque el reclamante sea el propietario del buque. Según la Corte, si el Convenio no establece explícitamente una excepción para las disputas entre “insiders” los tribunales no deben inventarla. El Artículo 1.2 define al propietario, fletador, gestor y operador como “armadores”, de igual rango, sin sugerir ningún trato diferencial entre ellos.

La sentencia también aclaró qué tipos de reclamaciones son limitables. La Corte reafirmó una doctrina ya asentada: los daños directos al buque no están sujetos a limitación. No obstante, en este caso concreto, la Corte Suprema consideró que los costes de descarga y descontaminación de la carga reclamados sí encajaban en el artículo 2.1(e) del Convenio según defendido por MSC y por lo tanto eran limitables, a pesar de que la descarga de la mercancía fuera también necesaria para poder proceder con la reparación del buque. Se estableció así que, si una reclamación encuadra en la descripción de los supuestos de limitación previstos por el artículo 2.1, no pierde su carácter limitable por el mero hecho de que la reclamación pueda ser consecuente a los daños sufridos por el buque.

En definitiva, la resolución de la Corte Suprema analizada contribuye a clarificar la aplicación del Convenio LLMC de 1976 al descartar la distinción entre “insiders” y “outsiders”. Con ello se refuerza una aplicación uniforme de las normas de limitación de responsabilidad aplicables a todos los armadores, reforzando su papel como pilar de estabilidad comercial. Para aseguradores, armadores y operadores logísticos, la sentencia aporta previsibilidad en relación con la exposición frente a reclamaciones derivadas de siniestros marítimos, incluso cuando estas involucren al propietario, fletador, gestor u operador del buque.

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Octubre 2026, comienza la digitalización del transporte terrestre

El sector del transporte terrestre, que lleva años demandando innovación y mejoras, tanto para optimizar la operativa como para elevar la calidad de vida de sus profesionales, está impulsando hoy día múltiples áreas de transformación. La promoción de flotas más sostenibles, la regulación del vehículo autónomo o la monitorización más eficiente y segura del transporte por carretera se sitúan ya entre las principales prioridades en Europa y en España, abriendo, al mismo tiempo, nuevos retos en el ámbito normativo.

En línea con esta hoja de ruta nace el marco jurídico del Reglamento (UE) 2020/1056 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 15 de julio de 2020, sobre información electrónica relativa al transporte de mercancías (Electronic Freight Transport Information -eFTI), pensado para activar la comunicación por vía electrónica de información reglamentaria relativa al transporte de mercancías dentro del territorio de la Unión Europea.

Reglamento eFTI que marca las reglas para compartir información de transporte de mercancías de forma electrónica entre empresas y autoridades sin exigir un documento concreto, sino un modo común de acceder a los datos compartidos. Además, la sistematización pretende asegurar que toda la información sea fiable y comprobable, con garantías de autenticidad, integridad, trazabilidad y claridad, minimizando los retrasos derivados del papeleo y de gestiones redundantes, o evitables.

Digitalización del Documento de Control Administrativo (DeCA)

La Ley 9/2025, de 3 de octubre, de Movilidad Sostenible (publicada en el BOE nº 291, de 04/12/2025, y en vigor desde el 05/12/2025), es consecuencia de la antedicha regulación europea, y tiene como una de sus finalidades facilitar la existencia de un sistema de transportes multimodal de mercancías eficiente, sostenible y resiliente, aprovechando el potencial de la digitalización y la tecnología.

En su disposición transitoria octava, sobre la digitalización del documento de control administrativo exigible para la realización de transporte público de mercancías por carretera y hoja de ruta exigible para la realización de transporte público de personas por carretera, recoge que el documento de control administrativo deberá ser necesariamente digital a los diez meses desde la entrada en vigor de la ley. Documento que, no olvidemos, es obligatorio emitir en los transportes públicos de mercancías, salvo para algunos casos concretos como son las mudanzas o los envíos de paquetería ligera, entre otros.

Por tanto, el documento de control administrativo deberá ser digital a partir del 05/10/2026 (aunque parece que ya se está usando de manera voluntaria desde mediados de 2025 por algunas empresas y autónomos, para así adaptarse gradualmente a los sistemas electrónicos).

Los requisitos y características que deben reunir los documentos de control administrativo, en su calidad de registro administrativo obligatorio que acompaña a las mercancías por carretera recogiendo datos del cargador, del transportista y del vehículo, así como la fecha, el origen y el destino de la carga, las características de la mercancía o las posibles observaciones a incluir, constan ya regulados en la Orden FOM/2861/2012, de 13 de octubre (modificada por la Orden TRM/282/2026, de 25 de marzo). Orden que es complementada por la Resolución de 22 de mayo de 2023 de la Dirección General de Transporte Terrestre, que viene a establecer las condiciones propias del soporte electrónico de dicho documento (DeCA).

Documento que se integra con las figuras de la carta de porte y del contrato CMR, tal y como recoge el artículo 2.2 de la meritada Orden FOM/2861/2012: “2. En aquellos supuestos en los que el transporte se documente en una carta de porte u otra documentación acreditativa ajustada a la legislación nacional, de la Unión Europea o internacional vigente en la materia, ésta servirá como documento de control administrativo siempre que contenga todos los datos recogidos en el artículo 6 de esta orden.”

La Orden FOM/2861/2012 también señala que el cargador contractual y el transportista efectivo son responsables de que el documento de control exista y esté correctamente formalizado, así como de la obligación de llevarlo en el vehículo. Según la misma, el cargador respondía de los datos relacionados con la carga y la contratación, mientras que el transportista era responsable de la información vinculada a la ejecución del transporte. Pero al ser modificada mediante la reciente Orden TRM/282/2026, de 5 de marzo (artículo 2), ahora la responsabilidad de que el documento de control exista y esté correctamente emitido es compartida entre cargadores y transportistas. Aunque la Orden TRM/282/2026 no define quién debe generarlo, si confirma que ambos responderán de forma solidaria si falta o contiene errores.

En cualquier caso, independientemente de quién lo haya emitido, el documento deberá estar disponible en formato digital antes de la salida del vehículo desde el origen.

Carta de Porte Digital (eCDP) y CMR digital (eCMR)

Las cartas de porte o los contratos CMR digitales son la versión electrónica del documento en papel que respalda el transporte de mercancías por carretera (nacional o internacional) pactado entre cargador y transportista, y su función principal sigue siendo la de probar la existencia de un contrato de transporte (y sus condiciones), así como la recepción de la mercancía por parte del transportista. Aunque su digitalización no es aun obligatoria, esta es también una realidad factible dado su vínculo con el documento de control administrativo.

De hecho, la carta de porte nacional debe incluir la información mínima, legalmente obligatoria y regulada en el artículo 10 de la Ley 15/2009, de 11 de noviembre, del contrato de transporte terrestre de mercancías, al igual que el contenido del contrato CMR debe cumplir unos mínimos en virtud del Convenio C.M.R. para los transportes internacionales (artículo 6). Pero ello no les impide incluir la información requerida para el documento de control administrativo (artículo 6 de la Orden FOM/2861/2012), facilitando así la emisión de una única documentación digital que cumpla con los parámetros y requisitos que son exigidos para el transporte de mercancías por carretera.

Conclusiones

Entre las mejoras más relevantes que se pretenden obtener con la digitalización documental planteada se incluyen aspectos de especial relevancia como:

  • Facilitar las inspecciones administrativas de los transportes.
  • Facilitar a los interesados la emisión y obtención de copias de los documentos afectos al transporte.
  • Garantizar la seguridad dada la inalterabilidad de los documentos (partes, condiciones, carga, reservas o “remarks”, etc.).
  • Facilitar la monitorización en tiempo real del transporte.
  • Posibilitar la realización de modificaciones durante el transporte.
  • Facilitar los procesos de facturación del servicio.
  • Reducir los costos administrativos.
  • Obtener pruebas fehacientes y veraces de cara a procesos litigiosos.
  • Facilitar la actuación de los seguros.

Sin duda, el fin último perseguido es mejorar la eficiencia y trazabilidad, pero ello requerirá también el cumplir estrictamente con las normas de protección de datos y de confidencialidad en la medida en que la información compartida debe estar sustentada en un ecosistema de plataformas certificadas e integrables.

Centrándonos en nuestra área, debemos destacar que esta forma de trabajo también pretende facilitar la resolución de conflictos entre los transportistas y los cargadores, gracias a su inmutabilidad y seguridad digital. No podemos olvidar que, en toda reclamación o incidente que surja en el marco de un contrato de un transporte por carretera, la capacidad probatoria es un elemento esencial y condicionante para la defensa de las posiciones de las partes involucradas.

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El Estrecho de Ormuz ante el Derecho Internacional: soberanía y libertad de navegación en tensión

Autor: Verónica Meana Larrucea / AIYON ABOGADOS S.L.P.

El Estrecho de Ormuz ha vuelto a situarse en el centro del debate jurídico-marítimo internacional. Desde el estallido del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán el 28 de febrero de 2026, Teherán ha venido endureciendo progresivamente el control sobre el tránsito por la zona, planteando autorizaciones previas, restricciones selectivas y tasas de tránsito para determinados buques. La escalada se intensificó a partir del 13 de abril, cuando Estados Unidos lanzó la operación Epic Fury, que incluye acciones navales coercitivas contra buques vinculados a Irán y ha provocado el desvío masivo del tráfico comercial y la inutilización de varios petroleros iraníes en el Golfo de Omán.

La importancia estratégica del estrecho es incuestionable: aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una parte sustancial del gas natural licuado transitan diariamente por él. Cualquier perturbación de esta arteria tiene consecuencias inmediatas sobre los mercados energéticos, el transporte marítimo y el comercio global. Pero más allá de la dimensión geopolítica, el conflicto plantea una controversia jurídica de primera magnitud sobre los límites del control estatal en estrechos internacionales y el alcance del principio de libertad de navegación.

La regulación de referencia es la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS, Montego Bay, 1982) que distingue entre el régimen de paso inocente, aplicable al mar territorial y que otorga al Estado ribereño un margen de control más amplio, y el régimen especial de tránsito en paso previsto en los artículos 37 a 44 para determinados estrechos internacionales. Este último reconoce un derecho de tránsito continuo y rápido que los Estados ribereños no pueden obstaculizar ni suspender.

Irán sostiene que el contexto de conflicto armado le autoriza a adoptar medidas de control asimilables al régimen de paso inocente. La comunidad internacional mayoritaria defiende, con apoyo en el artículo 44 UNCLOS, que a Ormuz resulta aplicable el régimen especial de tránsito en paso, lo que excluye la imposición de autorizaciones previas o restricciones generales al tráfico marítimo.

La controversia encierra, además, una paradoja jurídica de notable relevancia: ni Estados Unidos ni Irán han ratificado UNCLOS. Washington, por un lado, considera que sus disposiciones fundamentales forman parte del Derecho Internacional consuetudinario y son por ello vinculantes incluso para los Estados no parte. Irán, en cambio, aduce la doctrina del persistent objector: habiendo manifestado una oposición constante y sistemática al régimen de tránsito en paso desde las propias negociaciones de la Convención, niega que dicho régimen le sea oponible como norma consuetudinaria.

No obstante, buena parte de la doctrina considera que la libertad de navegación por estrechos internacionales existía incluso antes de UNCLOS. En este sentido, la Corte Internacional de Justicia reconoció ya en el asunto Corfu Channel (1949) el derecho de paso por estrechos internacionales sin autorización previa del Estado ribereño, principio que reafirmó en Nicaragua v. United States (1986) al confirmar que la libertad de navegación conserva su vigor como norma consuetudinaria con independencia de su posterior codificación convencional. Ahora bien, la sentencia Corfu también estableció un límite esencial: las acciones unilaterales de un Estado en aguas ajenas —en aquel caso, el dragado de minas por la Royal Navy en aguas albanesas— vulneran la soberanía territorial del ribereño aunque se lleven a cabo en nombre de la libertad de navegación. Esa tensión irresuelta entre soberanía y libre paso sigue siendo hoy el núcleo del problema en Ormuz.

Dos cuestiones adicionales merecen atención en este conflicto. En primer lugar, la propuesta iraní de establecer peajes sobre el tránsito marítimo choca frontalmente con el artículo 26 UNCLOS, que prohíbe imponer tasas por el mero paso salvo cuando respondan a servicios efectivamente prestados al buque. A diferencia de canales artificiales como Suez o Panamá, Ormuz es un estrecho natural cuyo régimen jurídico descansa en la libertad de tránsito. Omán, también Estado ribereño y parte de UNCLOS, ha rechazado públicamente esta posibilidad.

En segundo lugar, y en sentido inverso, el artículo 39 UNCLOS impone a los propios buques en tránsito la obligación de abstenerse de toda amenaza o uso de la fuerza contra los Estados ribereños, cuestión especialmente sensible a la luz de las operaciones navales estadounidenses actualmente en curso.

El escenario en Ormuz evidencia que el Derecho Internacional Marítimo sigue siendo, en última instancia, un equilibrio frágil entre soberanía estatal y libertad de navegación. La controversia no enfrenta únicamente dos interpretaciones jurídicas contrapuestas, sino dos concepciones distintas sobre los límites del control estatal en uno de los corredores marítimos más estratégicos del planeta. Su resolución —o su prolongación— tendrá consecuencias que van mucho más allá de las aguas del Golfo Pérsico.

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Enrique Ortiz desarrolla la situación legal del buque “MV HONDIUS” ante la grave situación sanitaria que afronta a bordo

Queremos agradecer al medio local «La Voz de Canarias» que haya contado con nuestro despacho a la hora de informarse e informar sobre la situación del buque «MV HONDIUS», que actualmente realiza su operativa de evacuación desde la isla de Tenerife, puerto de Granadilla.

Nuestro socio y compañero del despacho de Cádiz, Enrique Ortiz Bastos, de forma pormenorizada respondió a las cuestiones legales que plantea la situación en el marco del derecho del mar, la actuación de sanidad exterior y las competencias entre instituciones. Así, Enrique destacó la relevancia de aplicar el Convenio de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que debe convivir, en este caso, con el Reglamento Sanitario Internacional de 2005 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). De igual modo, destacó la necesidad de que las distintas instituciones u organismos afectados colaboren de forma muy estrecha con el Capitán para poder dar la mejor salida a esta grave situación.

El “Certificado de Libre Plática” vuelve a tener especial relevancia en este escenario, certificado del que ya tratamos en nuestro artículo de octubre de 2021, “Impacto del Covid-19 en las operaciones de buques en puertos españoles” cuando nos vimos afectados por la pandemia del COVID, que consiste en una declaración responsable que hace el Capitán del barco sobre la situación sanitaria a bordo. Pero, en todo caso, la última palabra para autorizar la entrada del buque en puerto la tendrá siempre el Ministerio de Sanidad vía Sanidad Exterior, operando con el respaldo de la Capitanía Marítima de Tenerife.

Nuestro socio recalcó que el Estado del pabellón del buque no tendría una responsabilidad directa de las actuaciones del Capitán o de los navieros bajo circunstancias de epidemia o infección a bordo, aunque ello no impide que el Capitán y los armadores se responsabilicen de las declaraciones realizadas, y de las actuaciones y medidas que se tomen. Por tanto, ambas figuras podrían tener responsabilidad tanto en vía administrativa, como civil o penal en caso de no ser rigurosos al dar la información necesaria, en caso de no cumplir con los protocolos a bordo o de no colaborar con las autoridades competentes, para minimizar así el grave impacto de la situación tanto en sus pasajeros, en su tripulación como en terceros que puedan verse afectados.

I Jornadas de Derecho Marítimo– ELSA UPV/EHU

Desde AIYON Abogados nos complace compartir nuestra participación en las “I Jornadas de Derecho Marítimo” organizadas por ELSA UPV/EHU, celebradas entre los días 5 y 6 de mayo en la Comandancia Naval de Bilbao y en la Sociedad Bilbaína.

Nuestro socio Mikel Garteiz-goxeaskoa tuvo el privilegio de intervenir como ponente en el bloque de “Marina Mercante”, abordando las normas básicas de seguridad marítima, el control de su cumplimiento por las autoridades y el régimen sancionador. Esperamos que su exposición haya resultado de utilidad para los asistentes, muy especialmente para quienes están dando sus primeros pasos en el apasionante mundo del Derecho Marítimo.

Unas jornadas que han tratado temas de seguridad, marina mercante, patrimonio cultural subacuáticos, etc. Como decía Laura Almodóvar al cierre de las mismas, el Derecho Marítimo no es abstracto sino algo que “impregna” la realidad, y en concreto el día a día del sector marítimo-portuario y del comercio internacional.

Nuestro agradecimiento más sincero a los organizadores por la iniciativa y la confianza depositada por Laura Almodóvar Cobo y por Joritz García Pérez, presidenta y vicepresidente de ELSA UPV/EHU, así como a su equipo, a los que damos nuestra más sincera enhorabuena por su trabajo y dedicación, que han dado este magnífico resultado. A la vista del numeroso público congregado y de la calidad del programa ofertado, con mucha materia aun por tratar y desarrollar, esperemos que estas jornadas continúen durante muchos años más.

Gracias, también, a todos los destacados ponentes por sus excelentes intervenciones:

  • CN. Tomás García-Figueras – Comandancia Naval de Bilbao
  • Cap. de Fragata Justo Solano García – Armada Española
  • Tte. Coronel Antonio Cantero Álvarez – Guardia Civil
  • Prof. José Manuel Martín-Osante – Catedrático Derecho Mercantil UPV/EHU
  • Pilar del Campo Hernán – Archivo Histórico de la Armada Española
  • Xabier Armendáriz – Historiador marítimo
  • Prof. Mariano J. Aznar Gómez – Catedrático Derecho Internacional Universidad Jaume I
  • Julio Carlos Fuentes Gómez – Subdirector General de Normativa Marítima, Dirección General de la Marina Mercante
  • Miller Wells – Global Factors
  • José María Pedrosa – Director Howden Pesca Norte
  • Prof. Iñaki Zurutuza Arigita – Universidad Pública de Navarra

No podemos olvidarnos tampoco de los colaboradores que hicieron posible la celebración de estas jornadas, entre ellos: la Sociedad Bilbaína, la Armada Española, la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea , la Real Liga Naval Española , Cepesca – Confederación Española de Pesca, Howden, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades , FEDER y la Agencia Estatal de Investigación.

El mar tiene mucho que enseñarnos y el Derecho, mucho que decir en él.

¡Nos vemos en las “II Jornadas de Derecho Marítimo”!